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 Hace un año nació en la barriada de Merlo esta fundación, entre las calles Arístobulo del Valle y Sarmiento. Cuenta Máximo Gallardo, padre del ex futbolista de River (que actualmente juega en Francia) que la idea surgió en una charla familiar ya que Marcelo tenía una gran inquietud de hacer algo por los pibes del barrio que lo vió nacer y donde aún sigue viviendo la familia. Su intención era sacar a los chicos de la calle, para fomentar el crecimiento de buenas personas antes que buenos futbolistas. El fútbol fue la excusa.
Para ingresar a la fundación deben pasar por una revisación médica completa y si se les encuentra algún problema de salud se les hace un seguimiento y el tratamiento pertinente hasta que estén en condiciones de integrarse.
Concurren actualmente cerca de 700 pibes, divididos en tres turnos. Los de la mañana reciben el desayuno y luego practican fútbol al final de cada entrenamiento se les brinda refrescos.
A los de la tarde se les da la merienda.
Todos tienen dos horas de páctica deportiva y hay un horario especial para aquellos que tienen condiciones especiales.
Una de las normas de la Fundación es que los chicos vengan acompañados de sus padres y no se les permite retirarse solos. Además al ingresar deben presentar el boletín escolar.
Cuentan con tres entrenadores, médico pediatra,traumatólogo, kinesiólogo y profesores de gimnasia. Es una entidad sin fines de lucro, en beneficio de la comunidad infantil.
No recibe subsidio ni subvención alguna y tienen pendiente la compra de computadoras, para dar cursos de informática. Además de aprender a jugar fútbol los chicos vienen a divertirse y pasarlo bien.
No hay diferencias sociales y una obligación es llevar la indumentaria de la fundación. Hoy Máximo, director acutal de la iniciativa, reconoce que fue una idea loca, pero linda.
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